El Tábano se ha ocupado en muchas oportunidades de la perseverante e inclaudicable tendencia en San Pedro a suponer la existencia concreta de la anomia del Estado, sea cual sea su nivel institucional, como cosa natural.
En primer término, y para prevenir el desconocimiento de esta palabreja “anomia”, vamos a por la definición del Diccionario de la Real Academia:
anomia1.
(Del gr. ἀνομία).
1. f. Ausencia de ley.
2. f. Psicol. y Sociol. Conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación.
anómico, ca.
1. adj. Perteneciente o relativo a la anomia1. Estado anómico.
Observe esta fotografía:

En esta obra edilicia ubicada en Pellegrini y Arnaldo – a El Tábano no le agradan los edificios en altura, pero bah… – el arquitecto y/o su propietario conservaron el frontis de la vieja edificación, edificación que habrá visto pasar a generaciones y que indudablemente, para muchos sampedrinos sea parte entrañable de su viejo y querido paisaje urbano. No sabemos si este caso es una contradicción al título de la nota, pero en fin, el frente está, y si Usted Conciudadano, no alza la cabeza y se arriesga a observar la nueva construcción – la que esperamos no sea como una torta de cumpleaños – la esquina será casi, la esquina de antes.
Ahora observe esta otra fotografía:
Esto es en San Martín al 100. La empalizada de chapa ordinaria oculta la destrucción de un frontis que ya no está. La construcción, también en altura, no respetó – como en el caso anterior – el paisaje urbano de nosotros, los sampedrinos.
El patrimonio cultural es avasallado por la prepotencia del negocio inmobiliario a costa de cualquier transgresión. Desconoce El Tábano si en este caso hay o no hay permiso, si hay o no hay excepción, si se pagó o no se pagó por la autorización para demolerlo, a quién, cuanto y como. O si se demolió subrepticiamente y ahora, ante el hecho consumado, el arquitecto, constructor y/o su propietario darán una explicación tan poco convincente como inútil.
El desmesurado interés individual una vez más se impone al colectivo social. El poder que da el dinero, venga de donde venga -eso no le importa a nadie aparentemente – consuma el atropello.
La pregunta, que será persistente en el tiempo por parte de La Peste, es para la máxima autoridad o sea el Intendente Municipal.
¿Se resigna Usted a gobernar una ciudad anómica?
La respuesta por ahora está en los hechos.