La Música. Solo hay música buena y música mala, y esto también es muy subjetivo. Como subjetivo es el gusto por el estilo, su origen o su cromatismo y armonía. El Tábano no es un experto musical pero entre el dodecafonismo del compositor austriaco Arnold Schönberg, la dificultosa apreciación de una escala de siete sonidos de la música hindú o el respetuoso rechazo a la música del lejano oriente, donde la armonía no existe como tal, aunque a veces la polifonía la reemplaza, prefiere y goza más, acostumbrado su oído, con la llamada “música occidental” que es el tesoro más apreciado para él, donde el desarrollo de la polifonía, así como el posterior de la armonía, le es más grato y emocionante para su pobre oído y más dulce para su espíritu.
Entonces, como convención académica, la “música occidental” es un género originado en ese mundo particular (Europa y sus ex principales colonias como Argentina o Brasil) incluyendo en ella la música clásica europea, Jazz, Country, pop, rock and roll, la bossa nova y el tango, por supuesto.
Aquí quería El Tábano llegar.
La semana próxima en nuestra ciudad se llevará a cabo una nueva edición del Festival de Música Country en San Pedro (¿Si Los Redondos tocaran en el Madison Square Garden de Nueva York los presentarían como los Ricotta Small Rounds?) y si bien no es un estilo musical que al Tábano le agrade, para no ser tildado de chauvinista recuerda con aprecio su influencia en los contenidos de los roqueros Johnny Cash, Elvis Presley, Jerry Lee Lewis y Bill Haley con los que alguna vez él batió sus alas.
Pero no puede olvidar a la vez que a la sombra de esa música, el puritano y racista sur de los Estados Unidos de Norteamérica, como protestantes severos y en esas creencias religiosas tan fuertes – George W. Bush, metodista y mentiroso sureño pertenece a esa estirpe – se veían reflejadas, en sus inspiraciones musicales, esos dogmas que se batían en el contexto del pecado original y la evitación del placer sensual en grados de fanatismo extremo. Los antiguos himnos protestantes influyeron en toda la música popular norteamericana y sobre todo en la que nos ocupa. Recordemos entonces, porque a las cosas es mejor llamarlas por su nombre para no olvidar, que de esos sectores puritanos, reaccionarios y demasiado ignorantes del sur se parió el racismo en EE.UU.

Entonces – a pesar del gusto – no es la Música Country que al Tábano le hace ruido. Es otro punto más álgido, quizás más ideológico.
El Tábano no imagina a Daniel Barenboim tocando la Sonata para piano nº 14 «Claro de Luna» en un escenario del paseo público en San Pedro (demasiado soñar ¿no?) vestido con calzas, gabán y yabot, a Itzhak Perlman en su versión de los 24 Caprichos de Paganini con peluca entalcada, moño de seda y zapatos de charol con hebilla de bronce tocando su maravilloso violín Stradivarius o a Plácido Domingo cantando Mi Buenos Aires Querido con “Funyi”, “Lengue” y “Lompa Bombiya”. No.
Y ni todo el año es carnaval. Por eso apesadumbra ver a quienes para lograr el carácter de esa música se vistan de cowboy en el escenario, o bien tomar cerveza Quilmes en el Butti con botas y sombrero tejano. John Wayne no se los hubiera permitido.
Después se ríen del Chaqueño Palavecino.
Y para demostrar que La Peste no es para nada sectaria ni chauvinista…

¿LE GUSTA EL JAZZ?
LA PESTE ANTERIOR, LA QUE PRECEDIÓ A LA NUEVA PESTE…
NUESTRA VOZ
OTRAS VOCES VALIOSAS